Wednesday, May 19, 2004

Revestidos de Cristo y limpios del pecado

Sinceramente, no sé qué sería de mí sin el don de la fe. No puedo imaginarme mi vida sin la referencia constante a Dios. Sería como ir desnudo por la calle, expuesto al frío que congelaría mi cuepo o al sol abrasador que quemaría mi piel. Dice San Pablo que todos aquellos que somos bautizados, de Cristo estamos revestidos (Gal 3,27). Me encanta esa imagen paulina. Mientras que Adán y Eva fueron vestidos por Dios con pieles y túnicas justo antes de expulsarles del Edén, a nosotros nos viste de Cristo como paso previo a nuestra entrada en su Reino celestial. Pero desgraciadamente, muchos son los que desechan semejante vestido precioso y salvífico. Prefieren vestirse de la ropa inmunda del pecado, del hedonismo, del neopaganismo rampante. Incluso los que creemos a veces manchamos el vestido santo que llevamos con la moda mundana. Menos mal que tenemos un detergente fabuloso que limpia toda mancha. Es la sangre de Cristo el "detergente" que nos lava y es el sacramento de la penitencia la "lavadora" de nuestros pecados.
Hoy me tocó lavar mi alma y así he podido comulgar en misa, con lo cual ahora estoy como niño que duerme en cama con sábanas nuevas. El retrasar la recepción del sacramento de la confesión cuando sabes que debes acudir a él es como ir vestido con la misma ropa durante semanas. Por mucho que te laves el cuerpo, hueles mal.
Hoy las lavanderías espirituales están vacías en demasiadas parroquias. Por eso es urgente recordar que Cristo sigue siendo el mismo ayer, hoy y siempre. Y que no podemos presentarnos ante el Padre vestidos del pecado porque el vestido que nos regaló en el bautismo le costó mucho. Le costó enviar a su Hijo a la cruz para morir por nosotros. Quienes disminuyen la importancia del sacramento de la confesión, disminuyen el valor de la cruz y ponen en peligro la salvación de muchas almas.

Dios tenga misericordia de todos nosotros

1 Comments:

At 10:41 PM, Blogger Alexander Rodríguez said...

Me gustó mucho, muy buenos comentarios... especialmente la analogía del detergente, muy buena.

 

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